lunes, 13 de mayo de 2013

Técnica y Estrategia en la planificación pública


En la planificación pública, la técnica se concibe como un medio, y la estrategia como el fin. Así, la estrategia supone el qué (el proceso, el cambio) mientras que la táctica supone el cómo (los procedimientos, las acciones y recursos) de la planificación. Si tomamos el ejemplo de LIDDELL HART, B. H., mientras que la técnica nos puede ayudar a ganar una batalla, será solo la estrategia la que consiga, no solo ya la victoria en una guerra, sino una paz duradera como objetivo final de toda acción bélica. Así, “el verdadero objetivo no es tanto procurar la batalla como procurar una situación estratégica tan ventajosa que, si no se consigue la resolución por sí misma, es seguro que lo hará la batalla que la siga”.
 
Las técnicas actuales de las organizaciones permiten, en uno u otro sentido, definir “la orientación general que sigue las decisiones que sucesivamente deben tomarse en una situación problemática” (ARRANZ BUESO, E.), dicho de otro modo, nos ayudan a identificar los problemas en las organizaciones para desmontar la coherencia lógica de los mismos. Por tanto, si bien todas las técnicas está prevista para tal fin, lo importante quizás resida en analizar el conjunto de condicionantes que siempre van a estar presentes en las administraciones pero que, dependiendo de su priorización, jerarquía, relación y propia definición, cobrarán más o menos peso a la hora de desarticular el orden del problema para una organización dada.

Algunos de estos condicionantes pueden ser los siguientes, agrupados en tres categorías:

RECURSOS

Saber de aquello que dispone la organización es fundamental a la hora de establecer una estrategia para afrontar el problema. En este sentido, la escasez de medios en la época en la que nos encontramos es un factor crítico. Sobre todo, los recursos humanos son los más importantes a la hora de planificar y su formación, su cualificación académica y profesional y la experiencia, elementos clave en el desarrollo del proceso. Así, resulta conveniente contar con un equipo solvente de gestores y expertos en la utilización de la técnica empleada, es decir, cierto grado de especialización sin perder la perspectiva general de la organización. En este mismo punto también conviene tener en cuenta la figura tan relevante que cobra el director de cualquier estrategia, pues un liderazgo fuerte e inclusivo es necesario para guiar el cambio en las organizaciones y evitar lo que señala DECBECQ, A. como “dirigismo”. Y también es fundamental contar con toda la información relevante para definir la planificación, cuestión que debe centrar la atención de las administraciones actuales, caracterizadas hasta la fecha por la cultura de la opacidad y la falta de transparencia.

TIEMPO

Es preciso contextualizar el problema en las circunstancias históricas y sociales en las que se genera, tomando desde esta perspectiva la mejor solución técnica para poder abordarlo. Conviene señalar la dificultad que provoca el oportunismo político dentro del proceso de cambio, en el que los plazos no se estiman en función de la secuencia lógica de las acciones con las que afrontar el problema sino en función de las aspiraciones partidistas de los líderes políticos que, muchas veces, dirigen el proceso. Ello se agrava si, además, tenemos en cuenta la visión cortoplacista de los dirigentes en decisiones que requieren tiempo si se trata de algo más que de planificación incremental. Además, conviene definir desde el primer momento las partes de la lógica interna que se van a considera, es decir, si se pretenden combatir las causas, los problemas o los efectos pera, con esa información, temporalizar el trabajo para conseguir una estrategia. En este punto, también resulta interesante destacar la aportación que LIDDELL HART, B. H. introduce al análisis, al incluir la capacidad de adaptación como una variable decisiva, pues “es la ley que gobierna la supervivencia, ya que ésta no es más que una forma concentrada de la lucha del hombre contra el medio”.

CONSENSO

Es la pieza fundamental para definir con éxito una estrategia. Como señala ARRANZ BUESO, E., es necesario aprovechar la inteligencia, la creatividad, el aprendizaje continuo de directivos, políticos y ciudadanos, la cultura del cambio, la legitimidad del proceso, esa “diversidad de juicio y sensación de término” en palabras de DECBECQ, A. Las organizaciones deben utilizar técnicas que definan buenas estrategias incrementando la capacidad creativa de los miembros de las mismas, que generen ideas, descompongan problemas y propongan soluciones, es decir, para que ayuden a la toma de decisiones. Tal y como se recoge en la lectura de GUILLÉN ZANÓN, A., “el ciudadano medio puede llegar a producir el doble de ideas cuando trabaja en grupo que cuando trabajo solo, pues uno más uno no son dos sino mucho más”. Lograr una cultura de la planificación quizás resida en fomentar este consenso en las organizaciones.
 

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