jueves, 25 de octubre de 2012

"El Conformista"

"Si el Estado no toma como modelo la imagen del individuo, ¿cómo podrá el individuo tomar como modelo la imagen del Estado?".

La película El Conformista (1970) de Bernardo Bertolucci, inspirada en la novela de Alberto Moravia, sitúa la narración de los hechos en el periodo final de la Italia fascista de Mussolini. Es una obra cinematográfica de continuos contrastes en diálogos, imágenes y sonidos, con un apabullante dominido de la fotografía, la cual conecta al espectador con el momento histórico en que ocurren los acontecimientos desarrollados.

El protagonista -Marcello Clerici-, es un hombre de familia acomodada, profesor de filosofía pero con dormidas inquietudes vitales y políticas. Acostumbrado a vivir en la continua apatía del individuo dentro del Estado totalitario, queda  subsumido dentro de la ideología del Duce, más por inercia que por convicción. Tal es así que su propio amigo Italo -quien representa con exactitud la imagen de su país con esa ceguera alegórica del régimen-, llega a reprocharle porqué mientras todo el mundo desea ser distinto, él desea ser como los demás. A lo que Marcello responde, con cierta viveza, comparando los inicios políticos de Hitler dentro de entornos de aparente normalidad social.

Esa vorágine de sentimientos encontrados, lleva a Marcello a ingresar en el servicio secreto del movimiento, sin tan siquiera saber qué motivo le impulsa a ello. Si no es miedo, ni dinero, ni creencia, solo parece ser el motivo de su causa esa frustración personal desde la infancia, que le privó de su voluntad y de su desarrollo intelectual. La encomienda de una misión secreta en París para asesinar a un exiliado político, comunista y antiguo profesor de Marcello en Italia -llamado Quadri-, genera en el protagonista su búsqueda interna y le lleva a enfrentarse con sus más temidas aflicciones. La salida de un ambiente seguro, el cambio de entorno y la libertad de vida cuestionan en Marcello los pilares de su existencia.

Un Estado opresor, grandilocuente y superfluo absorve al individuo hasta tal punto que le desjoja de la más simple voluntad, a cambio de ofrecerle una seguridad comunitaria excluída y excluyente. Un Estado fascista no tiene en cuenta a su población sino solo la perpetuidad del poder político al precio que sea preciso y sacrificando la libertad personal del ciudadano. El momento de encuentro del protagonista con su padre -antiguo camisa negra de Mussolini- en un sanatorio mental es clave. Tal parece que el loco sea el más cuerdo y que haya conseguido por fin la afirmación personal en lo que no quiere ser, un conformista oprimido.

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